• 13.12.1884
  • -
  • La Isla

Editorial TERCER PARTIDO. Semanario "La Isla" 13.12.1884

Hace muy poco tiempo que en este país, donde por desgracia se ha introducido también el fraccionamiento de ideas y de partidos, que han tomado carta de naturaleza en nuestra patria, se acariciaba una idea, que por lo antigua y manoseada creíamos en el olvido; idea que se comunicaba y repetía al oído, pero no tan bajo ni con tanta reserva que no haya llegado al nuestro. Nos referimos a la formación de un tercer partido, que viniera a destruir y aniquilar los dos existentes, desde antiguo en esta isla. Esta idea, que ha sido concebida por quien ó quienes no comprenden lo difícil de la empresa que mientan, la dificultad de darle forma y la imposibilidad de alcanzar que llegue a madurez, no es nueva: en otras ocasiones se ha intentado, y siempre ha sido imposible no ya lograr que produzca opimo fruto, sino ni siquiera alcanzar que la semilla haya germinado. Pero hace algunos días que esta idea ha vuelto a apoderarse de algunas inteligencias, que se ha comunicado a los más íntimos, que se han escrito cartas memorándum, y aunque todavía no puede decirse que sus autores, ni los medios que se piensan utilizar sean del dominio público, podemos afirmar que son muchas las personas que tienen completo conocimiento de la misma.

Muy conocedor del país, gran prestigio y profundo arraigo en el mismo debe tener el hombre que después de concebir semejante pensamiento intente ponerlo en práctica; y al recordar; como no podrá menos de hacerlo, que esté pensamiento, concebido «otras veces, no ha podido nunca llegar a ser un hecho real, necesario es que el actual progenitor del mismo se halle poseído de una fe ciega, y de una decisión y abnegación inquebrantables, y adornado de gran experiencia y sentido político práctico, a la vez que de un talento poco común y un valor cívico completo; que todas estas son cualidades y circunstancias indispensables para que se acometa la realización del intento. Creíamos nosotros que la formación de partidos obedecía a la necesidad de un pueblo y aun algunas veces a la casualidad enlazada con las circunstancias y las necesidades políticas de los pueblos; y no comprendemos como el deseo individual, por respetable que éste sea, fuese causa progenitora del nacimiento y desarrollo de un partido. Es más, tenemos la íntima convicción de que el solo deseo individual es impotente para la creación de partidos que deben ser el conjunto de ideas, de principios, de necesidades y hasta de conveniencias e intereses políticos y sociales, que no pueden existir en aquellos que son hijos del deseo ó del despecho individual. Si alguna vez hemos visto que un partido se formaba exhausto de la savia de los principios, las ideas y la conveniencia que deben informar su ser, jamás se citará un solo ejemplo de que este partido haya prosperado y vivido, y mucho menos pueda prosperar y vivir, si al nacer tiene por sino y condición de su existencia 1a destrucción de otros partidos.

...tenemos la íntima convicción de que el solo deseo individual es impotente para la creación de partidos que deben ser el conjunto de ideas, de principios, de necesidades y hasta de conveniencias e intereses políticos y sociales...

Cierto es que vivimos en una época que podemos llamar de completa trasformación; cierto es que en la actualidad vemos a veces traducidas en hechos las más extrañas teorías; cierto es que no existe en nuestros tiempos la constancia en los principios, la fe en las ideas profesadas, el recto criterio en la apreciación de las más trascendentales cuestiones, ni la antigua consecuencia respecto de hombres y partidos; y que hoy con raras excepciones todo se traduce en la conveniencia personal, y que el interés individual lo domina todo; pero por esta misma razón, porque vivimos en una época de individualismo y de conveniencia es por lo que se hace más difícil y menos factible la creación de un tercer partido en esta isla. Y esto es así porque debiendo formarse este tercer partido únicamente para satisfacer aspiraciones individuales, las personas que hayan de seguir y secundar la idea comprenden que, antes de que esta fructifique, son necesarios sacrificios sin cuento y esperar largos años a que el partido quede formado para que pueda adquirir la robustez necesaria y suficiente para que el árbol produzca el apetecido fruto.

Así pues, a pesar de que se hacen esfuerzos titánicos para adquirir simpatías y para llevar a los ánimos el convencimiento de la conveniencia de formar un tercer partido, es lo cierto que pocos, muy pocos se hallan dispuestos a seguir las huellas de una política desconocida y de incierto resultado, en vista de cuya actitud, y sobre todo habida consideración a una circunstancia; especial y dolorosa, acaecida hace pocos días; en los últimos transcurridos de esta semana se ha acallado algún tanto la propaganda que sotto voce se hacía en pro de la nueva idea. Aseguran personas bien informadas que ésta volverá a reproducirse; que hoy más que antes es de más fácil realización porque han variado notablemente las circunstancias y hay quien afirma que hoy, más que ayer, existe el empeño decidido y formal de la creación del tercer partido, y que hoy más que antes será fácil reclutar gente que acepte y secunde la idea. Nosotros creemos que se forjan ilusiónes los que sueñan en la formación de terceros partidos, y que la idea quedará como otras veces acariciada solamente por unas pocas individualidades, y que nuestra historia política seguirá siendo la misma, sin que existan incautos que se presten a seguir las huellas de los que intentan formar nuevos partidos. El tiempo dirá si nuestra opinión es acertada.

  • /