Hay que situarse en esa época en que Ibiza era todavía el paraíso de los dioses...

“…Una isla suspendida en el tiempo, cuya capital se reclinaba indolente sobre una de las bahías más bellas que existían en el Mediterráneo, hoy sacrificada a esos nuevos dioses que son las marinas y los puertos deportivos. En esa bahía recalaban barcos de pesca, veleros con carga de mercancía y buques de pasajeros, aquellos vapores que serían hoy el orgullo de cualquier museo naval. También yates y embarcaciones de recreo, raros en aquellos tiempos. Es fama que estos yates aguardaban en altamar, para arribar a Ibiza de amanecida y gozar, así, de uno de los espectáculos más bellos que era dado en la época. Un espectáculo ciertamente elitista, difícil de imaginar en la perspectiva de la cultura de masas que invade hoy la isla y sólo reservado a esos poco privilegiados que viajaban en embarcación propia, a pescadores y marineros, y a los pasajeros de los correos marítimos que unían la isla a la Península y solían llegar, igualmente, al amanecer”.

D. José María Ballester.
Extracto del prologo al libro de D. Luis Llobet Tur Mariano Tur de Montis, un pintor de Ibiza.